Comparten color, pero no historia ni alma. El Vino de Naranja del Condado de Huelva (es una DOP) y el vino naranja no podrían ser más distintos, aunque la gramática los confunda.
El primero es puro sur: vino blanco del Condado —sobre todo de uva Zalema— que se maceran con cortezas de naranja amarga y luego reposan en madera. El resultado es un vino dulce, aromático, con notas de cítricos confitados y especias. Un sorbo que sabe a sol, a calma y a tradición andaluza.
El segundo, el vino naranja, no tiene nada de fruta. Es un vino de uvas blancas fermentadas con sus pieles, una técnica ancestral del Cáucaso rescatada por los amantes del vino natural. Es un vino blanco elaborado con técnicas de vino tinto: Seco, tanino, dorado y rebelde: un vino que no busca gustar a todos, sino sorprender.
Así que no te dejes engañar por el color: uno lleva naranjas, el otro lleva pieles… pero de uva.
Dos mundos distintos, unidos solo por una palabra y una buena dosis de confusión.





